Los andalucistas, este 4 de diciembre, estamos de enhorabuena. Lo que parecía imposible lo han resuelto con mucha naturalidad y mucho sentido común los líderes de los principales partidos andalucistas. Pilar González (PA) y José Antonio Pino (PSA) han demostrado su valía personal y política y han hecho realidad lo que muchos anhelábamos y considerábamos fundamental para una rápida recuperación electoral del nacionalismo progresista andaluz.
Indudablemente no estamos ante el final de un proceso sino ante el inicio de un camino que nos debe apartar no sólo de las tentaciones segregacionistas que han sido tan frecuentes en el andalucismo, sino también de las malas prácticas que tenemos relacionadas con la convivencia interna. La Dirección sólo podrá dedicar su tiempo y esfuerzos a posicionar al Partido ante los innumerables retos que tiene nuestro Pueblo si los militantes se lo permitimos. Si anteponemos las cuitas internas, si seguimos empeñados en autodestruirnos, si no ponemos punto y final a las banderías no habrá Dirección que pueda dirigir esto.
Soy muy consciente de las dificultades que tiene el camino que se ha emprendido. De hecho ninguna organización tiene prevista en sus Estatutos una acción política de esta magnitud. Pero la importancia de la decisión y del momento debe suponernos a todos una dosis adicional de responsabilidad. Y nos toca realizar tareas no sólo en el campo de la legalidad interna y del orden organizativo, sino lo más importante, tenemos que conseguir que la Unidad no se quede en las cúspides de las organizaciones sino que ese espíritu se traslade al conjunto de las Agrupaciones y de los militantes. Aunque quedan por delante muchas cosas por hacer, desde aquí propongo que ya actuemos como si fuésemos una sola organización y todos, los de un lado y los de otro, nada más y nada menos que compañeros.
Ha llegado el momento de dejar de mirar para atrás y poner todos nuestros esfuerzos en apoyar a la Dirección en su trabajo de recuperar la confianza de la vanguardia del Pueblo andaluz para convertirnos, de nuevo, en una fuerza política innovadora que sepa proponer soluciones a los graves problemas que atravesamos.
Porque, al igual que se está produciendo la recuperación económica en Europa sin que se note en España, también podemos aventurar que esa recuperación puede llegar a España (aunque todavía queda un buen trecho) mientras que Andalucía sigue estancada porque la profundidad y las características de nuestra crisis son aún peores que las del Estado.
Ahí tiene que estar el Andalucismo proponiendo un nuevo Pacto a los andaluces. Al igual que hace 30 años les planteamos que sin Autonomía no saldríamos de la pobreza y la emigración, ahora hay que decirles que sin orgullo y dignidad, en definitiva, sin conciencia de pueblo no se podrán producir los cambios económicos y sociológicos necesarios para garantizar un papel protagonista en el futuro a nuestra economía y a nuestra cultura.
Y desde la Unidad también podemos convocar a otros andaluces que hasta ahora no han confiado en un Partido al que han visto a veces conservador, a veces ausente en los grandes debates y siempre más interesado en mirarse hacia dentro que en representar un vector de encuentro para la construcción de una alternativa a la parálisis que representa el tándem PSOE-PP.
La disolución de facto de la convocatoria abierta y plural que representó Izquierda Unida abre también una oportunidad al andalucismo. La Unidad del PA y el PSA, el carácter progresista del andalucismo desde su fundación por Blas Infante y la preocupación por la defensa de la tierra, consustancial a toda ideología nacionalista, constituyen los pilares para seguir trabajando, como acertadamente apuntó la Declaración política de nuestro pasado Congreso Nacional.